No tengas miedo de la ley si no tienes nada que esconder

La publicación de este artículo en el Herald Post estaba prevista para enero de 2017. Desgraciadamente, este diario digital cerró sus puertas antes de que este texto viese la luz.


Un argumento recurrente que tengo que aguantar con frecuencia es que, si no tienes nada que esconder, no tienes ningún motivo para ser cuidadoso con tu información personal, ni con tus prácticas de seguridad operacional. Efectivamente, cuando exijo a alguno de mis contactos que establezca un canal de comunicaciones seguro para tratar un tema de negocios, o cualquier otro asunto donde se van a gestionar datos que permiten identificar a una persona o empresa, recibo siempre una mueca desganada. Se me dice que ellos nunca se preocupan por la seguridad de sus telecomunicaciones, porque no hacen nada interesante con ellas, y como no tienen nada que esconder, no tiene sentido preocuparse del asunto.

El gran problema de este argumento es que, la inmensa mayoría de las veces, la gente sí que tiene algo que esconder, pero no lo sabe. Esto lleva a muchos a gestionar sus comunicaciones de forma irresponsable, porque piensan que no hay ningún problema con ello, de forma que muchos datos críticos que pueden destruir a una familia u organización son tratados como si encerrasen escasa importancia.

Por poner un ejemplo, el hecho es que nadie conoce todas las leyes del llamado Reino de España. Los políticos miden su productividad por la cantidad de leyes emitidas en una legislatura, por lo que hay una cantidad ingente de ellas. No hay abogado ni juez capaz de saberse la completa totalidad de las normativas vigentes. Dado que nadie conoce la totalidad de la ley, nadie puede asegurar a ciencia cierta que la está cumpliendo totalmente. Desde mi posición de ingeniero, puedo afirmar que, por ejemplo, muchos edificios e instalaciones industriales no cumplen diversas normativas de seguridad porque nadie las conoce, incluyendo los inspectores de la Administración pública. España está llena de edificios que tienen luces antipánico ilegales, grifos ilegales, puertas ilegales y diversas afrentas contra el Código Técnico de la Edificación, que como mínimo darían para poner un buen par de multas. Sin embargo, nadie piensa que tenga que esconder sus luces, grifos o puertas, porque nadie sabe que atentan contra la legislación pertinente. Al fin y a la poste, todos estos componentes funcionan perfectamente. ¿Por qué iban a ser ilegales? A nadie se la pasa siquiera la idea por la cabeza.

Desgraciadamente, este mismo principio se aplica a secretos mucho más críticos. Por ejemplo, recientemente, una familia que tenía una pequeña granja en Kansas adoptó a una cierva. Esta cierva, llamada Faline en honor a la novia de Bambi, iba y venía libremente de la granja al bosque. Estaba acostumbrada a la vida doméstica, y también a dormir en la casa mientras la gente veía la televisión. Se llevaba bien con los caballos, perros y cabras de la granja y era, en definitiva, un miembro más de la familia. Un buen día, la familia publicó en Facebook un mensaje, pidiendo información para localizar a Faline, que llevaba más tiempo del acostumbrado fuera de casa. Faline regresó por sí misma. Poco tiempo después, la granja recibió una visita de las fuerzas de la Ley, y Faline fue asesinada delante de su familia por los mercenarios del Gobierno, que alegaron que la posesión de animales salvajes es ilegal. El cabeza de familia ha declarado que, en su opinión, las autoridades se enteraron de la situación de Faline gracias a la publicación que se hizo en la red social.

De ser ése el caso, nos encontraríamos ante otro ejemplo de gestión irresponsable de un secreto crítico. Nadie en la familia imaginaba que la situación de su mascota fuese un secreto a esconder, por lo que lo divulgaron libremente por doquier como si se tratase de una pedazo trivial de información. Esto puso en conocimiento de un ente hostil todo lo que necesitaba saber para causar un tremendo drama familiar. La responsabilidad de esta maldad recae sobre los mercenarios del Gobierno, pero lo cierto es que familia fracasó completamente a la hora de garantizar su propia seguridad.

Todos tenemos una Faline en nuestras vidas, un secreto crítico que no sabemos que lo es. Por eso, cuando alguien te pida que trates de un asunto de forma discreta, en vez de vilipendiarle a los cuatro vientos, deberías pensártelo dos veces antes de tildarle de paranoico. Nunca se sabe cuándo va un adversario a usar tus secretos para causarte problemas.